Catrileo nació el 11 de septiembre de 1984, en el seno de una familia de clase media, golpeada por las restricciones económicas derivadas de la implementación del neoliberalismo por la dictadura militar. A diferencia de otras historias mapuche, las raíces de Catrileo estuvieron vinculadas al Valle Central, posiblemente a los sobrevivientes de los pueblos de indios. No existen indicios, a lo menos en la memoria familiar, de un traslado desde el territorio histórico a la capital de Chile. Aquello lo hace interesante para las historias de nuestro pueblo, ya que viene a nutrir otros elementos para complementar la óptica en que la diáspora ha crecido en los paralelismos Wallmapu-Santiago; despojo-periferia de la mapurbidad; y migración-pobreza. La historia de Matías Catrileo cuestiona estos preceptos, para darnos pie a otro elemento que a mí me parece clave: el desarrollo del pensamiento y la rebelión mapuche en Wallmapu en la toma de conciencia política de los mapuche de la diáspora.
La historia de Matías Catrileo cuestiona estos preceptos, para darnos pie a otro elemento que a mí me parece clave: el desarrollo del pensamiento y la rebelión mapuche en Wallmapu en la toma de conciencia política de los mapuche de la diáspora.
Matías podría haber tenido la historia de un “joven chileno”. Todos los elementos materiales de la sociedad de los 90’ se presentaron en el seno de su familia: padres profesionales (ambos egresados de Estadística en la Universidad Católica), y una niñez estable económicamente. No obstante, discernió, optó por comprender su otra identidad: la mapuche. ¿Qué lo llevó a preguntarse, en su adolescencia, por su tuwün y küpalme? Me parece que la respuesta está en la lucha política que a Matías le tocó vivir durante toda su adolescencia en los 90: los ingredientes ideológicos emanados desde Wallmapu por el Aukiñ Wallmapu Ngulam y la CAM. Si bien la segunda acabó por transformarse en su ruka política, por vínculos familiares, Matías pudo conocer, también otro mundo de las ideas políticas a través de su tío Pedro Mariman, fundador de Liwen y luego de Wallmapuwen. El entorno familiar y el movimiental se vinculan en este proceso de construcción identitaria, ya que Catrileo es altamente intelectual, y por lo mismo, ideológico.





